LO QUE TRANSMITIMOS SIN SABERLO



En muchas de las complicaciones que surgen en la educación de los hijos, los padres son la causa, pero también la solución. Tal y como se ha demostrado, los niños, al no tener un conjunto de experiencias previas suficientes como para valorar las distintas situaciones, nacen "orientados" a lo que expresa su figura protectora, normalmente los padres.

Suelo decir a los padres que no solo se educa con lo que "se dice", ni siquiera con lo que "se hace" sino con lo que "se es". Esto quiere decir que, el niño pequeño, al no tener del todo desarrollado el nivel lingüístico, compensa con una sensibilidad hacia el otro que quizá vamos perdiendo con el tiempo por no ser tan importante para la supervivencia. Esta "intuición" explica que el niño pequeño se vea influido por el estado interno de los padres, por sus miedos, sus expectativas y su modo de entender el mundo.

Siendo más precisa, en realidad no se trata de intuición propiamente dicha, ya que esta conllevaría la ausencia de percepción. Si analizamos la microcomunicación que se da entre una madre y su hijo con un sistema de cámaras, analizando los tiempos, las miradas, el ritmo cardiaco... probablemente percibamos un patrón de comunicación gestual que explica dicha transmisión entre ambos. Lo increíble y a lo que en un primer momento he llamado intuición, es que el niño pequeño no requiere de un sistema de cámaras para ser sensible a eso que está pasando, ni siquiera puede "pensarlo" tal y como entendemos los adultos, pero en cualquier caso le influye y determina en gran parte la formación de su identidad.

Esto que se traslada a los hijos no es controlable por los padres, ya que lo que uno realmente es está determinado en buena parte por factores inconscientes que no conocemos y por lo tanto se escapa de nuestro propio dominio. Solo con un trabajo terapéutico profundo la persona podrá conocer las causas reales que le mueven, "el motor" que no se ve e influye así mismo en los demás.

Sin llegar a este punto, sí que podemos tratar de analizar en la crianza de nuestros hijos la causa de lo que hacemos y si está determinada esta por necesidades del niño o por las nuestras propias.

Para cerrar el texto con un ejemplo que viene al caso en estas fechas, analizaremos lo que rodea al primer día de colegio de nuestros hijos:
La primera vez que el niño acude al colegio o guardería, no llega "en blanco", probablemente ya se habrá imaginado a su manera qué es estar en el colequé se hace en el colequé va a pasarle en el cole... y todo esto estará en gran parte determinado por lo que le transmitamos los padres. Esta transmisión se compone de:
  • lo que le decimosya eres mayor, vas a tener amigos nuevos, tienes que portarte bien, te lo vas a pasar bien, vas a aprender muchas cosas, no tienes que llorar...
  • lo que hacemospreparar el material con alegría, pasar por el cole y hacerle referencia a él, darle un beso en la puerta, llorar al despedirnos, dejarlo llorando y resistirnos a dejarlo allí volviendo la mirada una y otra vez...
  • lo que somos: que puede vislumbrarse por pensamientos como: que pena que vaya creciendo,   ya no me necesita, seguro que estará llorando toda la mañana, no van a entenderle cuando les hable, por fin tengo tiempo para mi, qué vacía está la casa sin él, es muy pequeño para separarse de mi...
Está claro que cada frase, acción y pensamiento pertenece a personas distintas. En la medida que se combinen el niño recibirá un mensaje u otro. Igualmente analizaríamos si los distintos planos son coherentes, si el niño está recibiendo una educación congruente (siento que ya no me necesita y me quedo vacía →hablo del cole como un obstáculo a superar→ lloro en la puerta y me cuesta irme) o no (llevo mal la creciente autonomía de mi hijo→ le animo a ir al cole porque se que hay que hacerlo→ lloro delante de él al dejarlo en la puerta).

Dicho esto, podemos obtener un aprendizaje de cara a la educación de nuestros hijos: en un primer momento ellos interpretarán su mundo de acuerdo a nuestras propias interpretaciones de él, es decir, ante la misma situación, podemos comportarnos de manera tranquila, buscando soluciones dialogadas y adaptadas o con nerviosismo y sensación de impotencia, y con ello estaremos transmitiendo un modo "sano" o "insano" de moverse en el mundo.

Quizá podamos pensar acerca de cómo reaccionamos y cómo explicamos lo que sucede a nuestro hijo porque en conocer y controlar esto está buena parte de lo que le conformará como persona. Merece la pena.


Marta Cabezas

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