Desde nuestro
punto de vista, la violencia contra la pareja no se da en un contexto
únicamente de pareja sino familiar, y sobre ello nos gustaría poner el foco hoy.
Con violencia de género nos estamos refiriendo
a agresiones físicas, psicológicas o sexuales, pero también al abuso de poder,
al aislamiento, y al objetivo de anular los recursos propios de la mujer.
Se estima que en
España hay unos 188.000 niños expuestos a este tipo de violencia, y cada vez más
estudios demuestran que estos menores tienen mayor posibilidad de desarrollar
patología mental que los que han crecido en familias sin violencia. Esto sucede
no solo por haber presenciado directamente la agresión o ataque hacia su madre, sino porque esta situación vital es algo que atraviesa directamente su
desarrollo como niño o niña:
- Una vez el niño
nace, estará expuesto a al sistema de creencias y comportamientos de su padre, que en mayor o menor medida sustentan la desigualdad y la violencia con lo que
esto supone, no solo en cuanto a identificación sino de normalización de la
agresión. Esto último tiene dos riesgos: que ellos mismos se relacionen con sus
iguales a través de la violencia, y que en caso de ser agredidos o atacados,
tarden más en pedir ayuda precisamente por no identificar el riesgo real.
- Está demostrado
que muchos de estos menores sufren además maltrato o abuso por parte del padre
o una tercera persona que accede a ellos con mayor facilidad por estar las
figuras protectoras anuladas.
- Una mujer
maltratada cree tener menos recursos, por los que en muchos casos no pueden
ejercer bien su papel protector o no les es posible. En ocasiones, además, la agresión no se ejerce
directamente sobre la madre sino sobre el niño/a justamente en los momentos en
que las madres menos los pueden proteger, de este modo dañan la identidad de
madre protectora pero también se ve afectado directamente el vínculo de apego del
niño con su madre que no ha estado ahí para ayudarle.
- Los hijos
muchas veces se convierten en el arma con que dañar a la madre. Puede hacerse
de muchos modos como quitándole la autoridad delante de los hijos, mostrándola como la parte débil de la familia,
inculcando a los menores ideas de menosprecio hacia la madre, haciéndolos
partícipes directamente de la agresión… Esto deja a los menores desprotegidos a
nivel psíquico al encontrar dificultades para identificarse con sus padres, encontrándose atrapado entre el padre que da miedo y la madre débil que no siempre protege.
- Los padres no
solo nos enseñan a vivir sino a amar. Un padre que maltrata a nuestra madre, no
puede querernos de la manera adecuada, ya que amar implica respetar, y no se
puede dañar a una figura tan importante para el niño y creer que se sigue
siendo un buen padre.
Anular las
capacidades de una madre supone mermar el desarrollo adecuado y sano del niño, por lo que la violencia de pareja siempre es familiar.
- ¿Qué sucede después de la separación? En la mayoría de los casos la violencia continúa tras la ruptura, y aunque legalmente haya modos más o menos eficientes de proteger a la mujer tras la denuncia (si es que llega a denunciar), nos parece que es aquí donde hay que ser más cautelosos, ya que el maltratador intentará recuperar la superioridad perdida; por eso, es en este momento cuando las estrategias de dañar a la madre a través de los hijos pueden aumentar, ya que en muchos casos (por ejemplo cuando hay orden de alejamiento) es el único vínculo que les queda con la mujer. Es contradictorio que se prohiba el acercamiento y la comunicación con la mujer, pero no se tome ningún tipo de medida que asegure que los hijos no serán los depositarios de mensajes violentos contra la madre, que es lo que sucede en muchos casos (a veces y desgraciadamente esto es lo que pasa en el mejor de los casos, ya que la violencia contra los hijos puede ser directa y con consecuencias fatales)
Viendo esto parece que es aquí cuando el
sistema más flaquea en la protección de los menores, dejándoles a expensas de
esta segunda parte de la violencia de género de la que son la herramienta
fundamental. Y es que a día de hoy, en España, es difícil considerar a un niño
víctima de violencia de género si este no ha sido agredido directamente en uno
de los episodios (y siempre que se pueda demostrar). Y se da la paradoja de que
en la mayor parte de los casos, un hombre que ha matado a su pareja, sigue
teniendo la Patria Potestad sobre sus hijos, aquellos a los que ha desprovisto
violentamente y para siempre de su madre. No solo eso sino que no es
descabellado del todo que al salir de prisión, ese hombre pida visitas con los
menores y estas le sean concedidas por un juez con la consecuente
revictimización de los hijos.
Quizá haya que
repensar qué supone un padre para ser llamado y reconocido como tal, y situarnos
en el lugar de un niño que respira la tensión y el miedo a diario para poder
protegerlos de un modo realmente parental.
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